Os escribo para pediros disculpas, a vosotros y a mi hijo.
Tengo 67 años, me llamo Maria y soy nacida en Lleida.
Separada desde hace 30 años, entonces mi consciencia no estaba tan desarrollada como actualmente. Hoy todavía lloro por el mal que hice a mi hijo, lo separé de su padre.
Hace aproximadamente 5 años que lo veo por la calle y no quiere saber nada de mi, no existo para el. Me gustaría poder volver hacia atrás y corregir todos mis errores, devolverle la sonrisa que un día yo le robé, pero creo que ya es demasiado tarde, estoy enferma y mi vida se apaga poco a poco. Lo comprendo, comprendo que hoy su madre para el sea única y exclusivamente la persona que lo apartó de su padre. Yo soy culpable de que mi hijo odiase a su padre, yo soy culpable de que mi hijo hoy sea una victima más de la injusticia y el no pueda abrazar a su hija, mi nieta, a la que llevo sin poder abrazar mas de 5 años.
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Como mujer, he hecho un descubrimiento que, si me hubiera dado cuenta antes, habría cambiado mi vida. He vivido de mi trabajo durante años, pero hay otra vía. Debería haberme casado y tener hijos y, una vez alcanzada la condición de madre, buscar la de exesposa con custodia de sus hijos. Así, gozaría de los privilegios que enunciaré: recibiría un dinero fijo todos los meses y lo podría gastar en lo que quisiera; podría tratar descuidadamente a mis hijos siempre que fuera discreta (¿qué puede pasar si unos niños se bañan cada 15 días, y qué puede pasar si unos niños no llevan al día todas las vacunas?). También podría cambiar de colegio a mis hijos y ahorrar un dinerillo, sin necesidad de pedir permiso al padre. El padre, que ni se acercase a sus hijos; no fuera a demostrar que era un tipo capaz y dedicado y yo perdiera mis privilegios. Y así, hasta que las criaturas llegaran a la mayoría de edad. Es triste el descubrimiento que he hecho. No quiero que me igualen con mujeres así, no merecen ni el nombre de madre ni el de mujer. Unas aprovechadas; eso es lo que nos hacen parecer. Hace falta una igualdad de verdad, y para todos.
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Hola madres. La que aquí os escribe es otra madre separada. Yo puedo entender que los tiempos cambian y que, quizás, aquella persona con la que decidimos compartir nuestra vida ahora ya no la llene, o quizás haya sido al revés. Tenemos la suerte que, para ello, existe la separación o el divorcio. Pero no tenemos que buscar culpables, salvo en casos excepcionales. Sencillamente no funcionó y podemos hacer borrón y cuenta nueva.
Lo que ya no entiendo es para conseguir la separación no seamos capaces de pensar en nuestros hijos que, cuando decidimos tenerlos ya sabíamos que debíamos cuidarles y velar por su bienester por encima del nuestro.
Cómo sómos capaces, tras la ruptura, de intentar vejar, saquear y humillar a la persona que hizo posible que nuestros hijos nacieran. Porqué no debemos olvidar que si estos niños vinieron al mundo es porqué ellos también lo deseaban. Y que ellos también aman a sus hijos por encima de todas las cosas.
¿Cómo podemos afirmar que sómos tan buenas madres si ni tan siquiera podemos ver que, en nuestro afán de arruinar al padre de nuestros hijos, estamos privando a esos niños de estar en una casa digna y poder comer en condiciones cuando están con él?. ¿Tan poco nos importan nuestros hijos?.
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